- Dichoso el educador
que entiende su trabajo como una vocación. - Feliz el educador
que, además de promover cultura,
llena de valores las mentes y los corazones de sus alumnos. - Dichoso el educador
que confía en las posibilidades de sus alumnos. - Feliz el educador
que, más allá de sus calificaciones,
mira a sus alumnos con una sonrisa de comprensión. - Bienaventurado el educador
que vive y disfruta sembrando, aunque otro recoja lo que él sembró. - Dichoso el educador
que se vacía de sí mismo para llenar el alma, la mente y el corazón de
sus alumnos. - Feliz el educador
que se involucra en su tarea, con todos sus valores y capacidades. - Bienaventurado el educador
que aprende a llevar a la pizarra los sentimientos que afloran en el aula. - Dichoso el educador
que pone su sabiduría en las manos de Dios. - Feliz el educador
que en sus ratos libres, acude a la oración y a la contemplación. - Bienaventurado el educador
que estando con los pies en la tierra, no olvida a Dios que habita en el cielo.